La perdida de identidad se ha hecho más presente en nuestros días. El ejemplo más grande nos lo da Twitter.
Muchos pensarán que no, que nosotros somos únicos, originales y que no hay nadie igual a nosotros en este mundo. Pero realmente tratándose de maneras de ser, dígase: escribir, dibujar, pensar... nadie se salva. Generalmente, la gente más plagiada, suele ser la más talentosa o la más popular. Hago la distinción porque en muchas ocasiones, una persona no puede estar en estas dos categorías.
Entonces, ¿a dónde nos lleva el tren de la originalidad? Nos lleva a un lugar peligroso y arriesgado, sí. Y aunque no lo deseemos, también nos arrastra y nos hace aprender y aprehender mañas. Retomo a el ejemplo de Twitter. Los twitteros por excelencia, creo que ya han o hemos adoptado cierta forma de pensar, cierta estructuración en nuestras frases, que nos identifica como usuarios de Twitter.
Ejercicio: Busquen un blog, lean las primeras entradas, éste no tiene que ser un nuevo blogger por favor, ahora lean las últimas entradas, ya lo verán. Como ven, el fenómeno se da en cualquier circunstancia de la vida, con un porcentaje de 3% de excepción. Como ven, en Internet arriesgamos nuestra identidad, al admirar y gozar cada una de las ideas expuestas en dibujos o letras que devoramos día con día.