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martes, 3 de noviembre de 2009

Hagamos un trato


Entiendo que no puedo llegar y decirte -Hola, dos puntos pe-. Sé que si tú me dices que me quieres yo no te podría contestar -¡Ay, dos puntos tres! Yo también.

No lo hago porque comprendo que se te haría raro y porque soy muy buena persona, lo juro. Sé que no te gusta que te hable de cosas modernas (como tú les dices), sin importar que sí las entiendas. Ahora, ¿Porqué tienes que hablarme tú del matrimonio? E incluso hacer un énfasis infinito cuando dices: desposorio.

Yo no entiendo esas cosas del matrimonio. Lo odio, no sé si quisiera casarme, no tengo buenas experiencias respecto a ello. Lo siento abuelita, dos puntos ese. Mejor propongo un trato: comprendamos nuestras terribles situaciones.

*Este post tiene dedicación especial a mi abuelita, quien es mi fan número uno.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Mientras sucede...


Acaba de ser el cumpleaños de mi hermana, hecho que me hizo reflexionar. Así es señores: también reflexiono. Definitivamente soy un estuche de monerías, lo sé.


Vámonos a un febrero. Los febreros son cautivantes para mí porque todavía perdura un frío punzante. Además por supuesto: es mi cumpleaños. Odio mi cumpleaños, pero amo los febreros.

¿Que porqué odio mi cumpleaños? Por favor ¿Quién realmente ama su cumpleaños como tal? A mí toda la vida me han pasado cosas que van de lo incómodo a lo repulsivo en esos días.

Cosas gratas también. Una que agradezco enormemente haber tenido en un cumpleaños específicamente es:

"No haber tenido unos XV años"
Aplausos, por favor.


Así es, no tuve un vals, no tuve palabras ni de mi papá, ni de mi padrino borracho. No hubo souvenirs ridículos y no hubo tampoco lágrimas, ni zapatillas molestas. No hubo cosa alguna que me irritara ese día. Digamos que sólo situaciones poco incómodas.




A mi cumpleaños número quince le doy un sincero Ok.


***

Ahora, estoy a dos pasos de cumplir los 18 años (realmente) y me siento con una terrible emoción. Se me hace cursi el pensar que ésta, debe ser la mía. No sé qué haré para este tresdefebrero. Será algo gordo y definitivamente el concepto de los febreros se tiene que embellecer aún más.

La mayoría de mis lectores ya son mayores de edad. Lo sé, soy una bebé. Pero digan si estoy loca. ¿Esperaban algo de sus dieciochos?

sábado, 3 de octubre de 2009

De las mentiras y el placer


*Ahora las entradas en este blog se publicarán sólo semanalmente*

Mentiras

Está bien, no serán semanales. La razón por la cual la fecha de mi última entrada haya sido un viernes veinticinco de septiembre (o sea hace tantitíto más de una semana) es porque quería demostrarle a este blog que no puede controlar mi vida, que no me puede manipular a su antojo ¿ajá? Ya después de haber hecho la finta, me dispongo a pendejear...

No sé porque casi siempre hablo de mí como una persona muy infeliz y desgraciada. Bueno la verdad sí conozco el porqué y ustedes seguramente también. Pero se lee mucho más interesante un "no sé". Me siento pendejamente misteriosa.

Erika Casiopea no sólo es lloriqueos en un rincón, también tiene sus momentos de felicidá. Mi cerebro muchas veces secreta neurotransmisores que me hacen desear algo o anhelar un comportamiento que me proporcione placer, acciones tales como:

  • Subir estas escaleras
  • Tomar licuados de fresa con el señor calvo de los licuados de fresa.
  • Decir Ai ro nó (I don't know)
  • La práctica de la mortificación de la carne por motivos religiosos
  • Divagar sobre si es mejor utilizar la tarjeta o el boleto en el metro
  • Reír por mi incapacidad para escribir o pronunciar el nombre de Clotilde

Conclusión:

1. Querido blog, he podido más que tú
2. Amo a mi hermanita


lunes, 7 de septiembre de 2009

Para ti, mujer



Uno puedo decir siempre cosas, sentir muchas otras. Podemos creer que somos sinceros, con nosotros, con los demás. No percatamos nunca el engaño que está presente en cada parte de nuestro ser. ¿Por qué no podemos ser sinceros ni siquiera con nosotros mismos?

Muchos creen en algo desde el principio. Pero tú y Yo necesitamos mucho más que un principio para que ese algo nos parezca creíble.

Hace casi dieciocho te vi por primera vez. Tengo diecisiete años de reconocer tu voz y tus risas, aún estando a una lejana distancia. Dieciséis años de sentir tus brazos alrededor de mi ser. Quince de los dieciocho que tengo, de conocer tus gustos, tus debilidades, tus miedos y sobre todo: tus sueños. Dieciocho años de saber que es lo que dirás tan sólo con mirar en tus ojos. Dieciocho años ya, sabiendo cuál es el sabor de cada uno de tus abrazos...


Ya son dieciséis años que no despierto sobre tu pecho. Hace doce no sabía porque querías separarme tanto de ti. Tengo once años de comprender el porqué de mis ahora, antiguos llantos. Hace ocho años recibía todo de ti, y a la vez yo te daba todo de mí. Seguía y hacía lo que desearas, para que tú te sintieras bien.

Ya eran casi seis años de perseguir tus sueños, dejando completamente a un lado mis creencias.

Ahora mis oídos sólo desbordan consejos de mujer a mujer que no me sirven para nada. De verdad, tantos años de conocerte, de saberte y ahora tú...

Mujer, te vas.
¿Por qué ya no te reconozco?



lunes, 3 de agosto de 2009

Adecuada


¿Adecuada?
Cuánto peso tiene que soportar esa palabra de ocho letras.

Pero de verdad, eso es ella para mí: adecuada.

Lo que comenzó como una simple curiosidad, se convirtió en algo necesario para mí. Paulatinamente me convertí en un ser capaz de todo. La euforia que me producía duraba poco, veinte o treinta minutos, por eso la inhalaba con tanta frecuencia, porque cuando se pasa el efecto, créeme: todo es horrible.


Los últimos meses han sido tenebrosos. Simplemente parecía que vivía para consumir y consumía para vivir. No sé que pude lograr; la soledad y el sufrimiento me acompañan todavía cada minuto de mi vida.

lunes, 15 de junio de 2009

Yo confieso: Me enamoré de un puerco

Hace un par de días, me dispuse a disfrutar del campo (de hecho no, fui obligada: o sea a fuerzas como dirían en mi rancho), pero me encantó.

Cococí a varios personajes, entre ellos a un simpático lechón y quiero que sepan: me enamoré de él. Ahora quisiera uno, para tenerlo siempre conmigo, aunque creo que se me haría cruel de alguna forma, o sea, el tenerlo solo y encerrado como estoy yo -no quiero esa vida para ti pequeño -.