Es lunes, son las seis y media de la mañana y yo estoy alistándome para ir a mis clases. Todo es normal. Me limpio donde tengo que limpiarme, me visto, tomo mis cosas y salgo de casa para emprender el viaje largo/corto a mi escuela.
Le hago la parada al camión que me llevará hasta la estación del metro más cercana a mi casa. El micro va lleno, yo todavía no puedo subir más que el primer escalón, a pesar de ello, el chofer decide avanzar, así que yo improviso en mi mente escenas chuscas en las cuales salgo disparada del camión y Superman me salva. Logro subir por completo.
Llegamos a una avenida en la cual teníamos que dar vuelta hacia la izquierda. Pero el micro, sigue derecho. Pienso que me pude haber equivocado de camión, así que de soslayo reviso el letrero del camión. No, no me equivoqué.
El micro se detiene, el chofer se levanta y nos dice:
-Una disculpa, bájensen
Yo, estoy confundida, sé donde estoy, pero nunca había estado ahí sola, sólo había pasado ya muchas veces en carro. Camino hacía la avenida más cercana. Es horrible, el camino es feo y no hay mucha gente. Pienso que no fue buena idea ponerse sandalias hoy.
Después de diez minutos de caminar, llego a la avenida y busco el camión que tomaré. Tengo el tiempo contado para llegar. Hago la parada. Abordo, pago y me siento. Estoy distraída, observo fijamente una toalla de la virgen de Guadalupe, me estremezco.
El chofer conciente de las congestionadas avenidas, decide sabiamente meterse en sentido contrario. Luego lo toma como hobbie y aunque no haya tráfico, vamos al revés. Todos nos saludan amablemente. Ahora sí es tarde, corro rumbo al metro, corro rumbo a la escuela. ¿Todo para qué? Para que la pinche maestra llegue tarde...
Yo, estoy confundida, sé donde estoy, pero nunca había estado ahí sola, sólo había pasado ya muchas veces en carro. Camino hacía la avenida más cercana. Es horrible, el camino es feo y no hay mucha gente. Pienso que no fue buena idea ponerse sandalias hoy.
Después de diez minutos de caminar, llego a la avenida y busco el camión que tomaré. Tengo el tiempo contado para llegar. Hago la parada. Abordo, pago y me siento. Estoy distraída, observo fijamente una toalla de la virgen de Guadalupe, me estremezco.
El chofer conciente de las congestionadas avenidas, decide sabiamente meterse en sentido contrario. Luego lo toma como hobbie y aunque no haya tráfico, vamos al revés. Todos nos saludan amablemente. Ahora sí es tarde, corro rumbo al metro, corro rumbo a la escuela. ¿Todo para qué? Para que la pinche maestra llegue tarde...
En otras noticas: Una tal Tania me da pena ajena por ser ratera de entradas de Pelo, de Lilián, mías y no sé de quien más.


